miércoles, marzo 13, 2013
Lirios marchitos
domingo, marzo 03, 2013
Días soviéticos
"Cuando nieva, los días parecen, como mínimo, un 18% más soviéticos."
lunes, noviembre 26, 2012
El otoño derrotado
lunes, abril 19, 2010
Esta tarde: el Malvado Hombre de los Helados
Y aquí estoy una tarde más: sigo siendo el Malvado Hombre de los Helados, hasta que otro me reemplace al volante de la furgoneta de helados.
El hombre de los helados, preparando el cucurucho con sus dos bolas, mientras suena la musiquita: ¿tendrá sorpresa el helado?.
miércoles, junio 10, 2009
Mi presa
Te estoy mirando porque eres mi presa: de tu carne vive la mía, de tu alma subsiste la mía. Te observo porque no dejo de temer que desaparezcas en un único segundo. Te observo porque cada instante es tu templo, cada momento se convierte en tu altar: te observo porque te adoro.
No es que te observe, no es que te mire, no es que te adore, ni que me embobe... es que te vivo.
martes, enero 29, 2008
Esbozo
Pensé seriamente por qué en ese momento no era capaz de buscar tu tacto, la pureza pálida de tu piel, por qué no podía tocarte, por qué ni un músculo de mi cuerpo reaccionaba queriendo tan sólo el suave roce. Quise dar un paso hacía ti, y no pude. Y lo supe.
Como una revelación, susurrada en ecos fantasmagóricos para mi mente, la verdad me llegó, me alcanzó aumentando el deseo y distanciándome de la satisfacción de aplacarlo. El conocimiento que no calma la sed de mi alma, que quiere beber de ti.
Sin mácula el blanco fulgor de tu piel me hipnotiza. ¿Ha pasado un segundo? ¿Ha pasado una hora? ¿He envejecido mirándote? ¿O el tiempo se detuvo, cautivo también? No lo sé, no me importa, ya no hay mundo, ya no hay vida. Sin lugar todo es superficie muerta y tu momento es todo vida.
Apocalíptica, la única palabra que te describe. Si, eres la forma del Fin del Mundo: lo hiciste desaparecer, ya no existe para mi. Ahora sólo estás tú, tu piel apagada tragando mi mirada mientras los detalles, luchando por el contraste, surgen como revelaciones, objetos de culto: tal vez guardianes de nuevos misterios. Como la breve mata de castaño atenuado vigilando donde confluyen tus muslos, o la palidez rosada que culmina la suavidad de cada seno. Y en el ecuador de tu cuerpo el botón mágico que te separaría en dos mitades igualmente hermosas, ese pequeño ombligo reivindicando su presencia desde su lugar estratégico, tal vez queriendo que lo corone un beso.
Y al final mi mirada está de paso por tus formas de mujer, por eso detalles femeninos que captaron fugazmente la lujuria y que al final no pueden competir con la dulzura de tu cara.
miércoles, diciembre 19, 2007
La cuesta
Este es mi pequeño homenaje al Maestro en el Año de Horrores sin Nombre
Ascendiendo por la empinada cuesta, típica de urbe castellana, resbalando en las escasas aunque molestas placas de hielo, fruto de la frialdad del suelo tras la noche glacial. Subiendo jadeante mientras su aliento formaba vaharadas, demostrando así la contundencia de la temperatura, con la mirada perdida, ensimismado en sus pensamientos: era este el estado en el que se desplazaba, paso a paso, metro a metro.
El ensimismamiento de la mente se sumaba a la fatiga del cuerpo, formando un binomio extraño de desgaste íntegro, manifestado en unos ojos que no parecían pendientes de una realidad que, en forma de una cuesta helada, le apremiaba a continuar la marcha, mientras el látigo del frío reforzaba esa urgencia.
La figura parecía perdida en la calle, desubicada, rompiendo la completa calma del lugar con su accidentado paso: un paso irregular, errático, sujeto a tropiezos y resbalones frecuentes, pero que no daba muestras de cesar. El camino seguía, y la figura solitaria avanzaba hacia un destino que esperaba la incierta llegada de sus pasos.
La creciente claridad aportaba matices irreales y la luminosidad, en su rico despliegue de brillos mágicos, desbordaba el panorama con matices oníricos al reflejarse contra el océano de cristal incrustado en los edificios. El hombre de la mirada perdida comenzó a observar el fenómeno del amanecer en la ciudad todavía dormida, aflojando su paso, arrastrado por la vehemencia del momento, capturado por el hechizo del día naciente y algo más... una fuerza primaria, oscura, superviviente de evos extraños y un mundo ya distante, una fuerza acechante, viva y muerta a la vez, antinatural y pretérita.
Ya no hubo ciudad de ladrillo y cristal, arrancada por las moles de piedra negra plagadas con oquedades de siniestra oscuridad. Ya no fue la luz anaranjada del amanecer la que le alumbró, sino el rutilante centelleo de unas estrellas extrañas, inundando una noche jamás de ellas tan poblada, salvo en épocas por nadie recordadas, en las que ni las más remotas formas de la vida tal y como la conocemos habían salido de la sopa primordial. Observó las cilíndricas y pétreas construcciones, horadadas por túneles y aperturas de significado desconocido, intrigantes testimonios de misterios primigenios. Y chilló.
Sus pulmones se vaciaron en un grito, un único grito, esfuerzo último de una cordura que se rompió allí. Su mirada ya no estaba perdida, sino fija, fija en ese punto en el que su mente afrontó la última batalla, perdida irremediablemente ya.
El lugar donde las formas, de obscenidad antinatural, ajenas a este mundo, flotaban retorciendo sus semitransparentes y cartilaginosos cuerpos, entremezclando probóscides y tentáculos, formando una cortina de apéndices fundiéndose, naciendo deformes y efímeros frutos de la abominación reinante, entre burbujeantes explosiones de una materia ajena a la comprensión... como en una pesadilla de Lovecraft.
viernes, marzo 16, 2007
Encuentros
Esta mañana, durante el atasco en la autopista, he tenido un encuentro sorprendente.
En el coche estábamos mis dos compañeros y yo, agobiados de calor, aguantando pacientemente el suplicio del trafico madrileño, cuando he observado que, en el vehículo de al lado, estaba él.
- JJ, mira quién está en el coche de al lado. Es él.
- ¿Quién?
- Es él, JJ.
JJ miró a ese coche, y observó al conductor. Se quedó sorprendido.
- Es él – me confirmo.
- Lo sabía, JJ. No había muerto.
- ¿De qué habláis? - preguntó Esteban, al volante.
- Mira al coche que tienes a tu lado.
Y miró al coche. Lo vio. Su cara estaba turbada. No podía creerlo, pero lo sabía. Lo estaba viendo.
- Tenemos que confirmarlo – dije
- Si, estas cosas no se pueden afirmar a la ligera.
Bajamos las ventanillas del coche. Hicimos señas al conductor del vehículo de al lado. Bajo su ventanilla.
- Mi general, ¿es usted?
- ¿Qué? - pregunto
- ¿Es usted, mi general?
- Creo que me estáis confundiendo con otra persona.
- No, mi general. A usted no le podríamos confundir.
- ¡Qué yo no soy general, hostias!
- Es cierto, es usted mas que eso, es nuestro Caudillo, mi General.
- ¿Pero qué hostias os pasa, gilipollas? ¿Estáis drogados?
- ¡Es él! ¡Es él!
No nos cabía duda: enseguida supo cuales eran los mayores males de nuestra sociedad. Gilipollas y drogados: nuestro Gobierno. Era él. Sólo el podía resumir en breves frases la agonía de una nación, el padecimiento de un pueblo noble que lucha por seguir adelante, mientras le llueven hostias de todos lados: desde dentro y desde fuera.
- Mi General, vuelva usted al mando activo, hace mas falta que nunca.
- ¡Idos a tomar por el culo, payasos! - su voz nos lleno con este mensaje.
Y dicho esto, subió la ventanilla de su vehículo. El tráfico avanzo un poco, y su carril se movió. Le perdimos. Pero su encuentro nos había llenado. Sabíamos que no estábamos solos.
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Los Dioses Antiguos
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