miércoles, abril 28, 2010

Drácula, de Bram Stoker

Denn die Toten reiten schnell (“Porque los muertos viajan deprisa”)

del poema Lenore, de G.A. Bürger

El nombre del irlandés Bram Stoker ha llegado a nuestros días gracias a su vocación de escritor y es que, claro, no es para menos ya que es el autor de uno de los más importantes clásicos del terror sobrenatural: la novela Drácula.

Drácula es una de las obras literarias que más ha influido en el género del terror en todos sus ámbitos, ya que coloca definitivamente al vampiro como figura relevante, por delante de espectros, aparecidos, demonios y otras figuras ya populares. Previamente Polidori con El Vampiro y Sheridan Le Fanu con Carmilla habían tratado ya sobre el tema, pero Stoker logra lo que sus predecesores no habían conseguido: un vampiro inolvidable que llega a la masa, al gran público.

Supongo que todos conocéis Drácula, por las innumerables adaptaciones cinematográficas que se han realizado a lo largo de los más de 100 años en que fue escrita la novela, adaptaciones que casi siempre alteran al personaje original, modificando aspectos de su personalidad y detalles sobre sus hábitos, costumbres, debilidades y poderes. El éxito de estos productos derivados ha ido eclipsando al auténtico Drácula de Bram Stoker porque... ¿quién hoy en día ha leído la novela? ¡Poca gente!

La novela Drácula está escrita en forma de recopilación de diarios personales, diarios de viaje, notas y cartas que, alternándose, van mostrando los hechos que rodean a una serie de personajes mezclados en las intrigas y actos del malvado conde Drácula, vampiro que durante siglos ha estado planeando, tramando y maquinando la forma abandonar su castillo en los imponentes Cárpatos, descritos en el libro como guardianes de una región pobre, boscosa, escasamente poblada y apenas comunicada con el mundo exterior, alejada de la modernidad: los Cárpatos se convierten aquí en la fortaleza de una desolación que se desploma sobre el alma del viajero.

El conde Drácula invita a Johnatan Harker, un joven procurador inglés, a su castillo de los Cárpatos para gestionar desde allí los últimos preparativos para la adquisición de algunas propiedades inmobiliarias en Inglaterra. Johnatan irá descubriendo allí detalles sobre el conde Drácula que le asustan y le hacen darse cuenta de que está prisionero en el castillo. Al poco tiempo, en la costa inglesa, Mina, la prometida de Johnatan, pasa unos días de vacaciones con su amiga Lucy, que empieza a sufrir extraños e inquietantes episodios de sonambulismo...

Así es como comienza la novela, en la que poco a poco van introduciéndose más personajes, destacando el erudito Dr. Van Helsing, o el Dr. Seward, director de un manicomio, el noble prometido de Lucy, Arthur, y el aventurero estadounidense Quincey Morris: todos juntos comienzan a hacer frente a la amenaza de Drácula y su capacidad de crear más seres como él.

Inglaterra y los Cárpatos se convierten en los escenarios de una novela que, en cierto modo, realza el contraste entre la Europa occidental civilizada y moderna de la época frente al salvaje exotismo e inmovilismo de una Europa balcánica multirracial, multicultural y anclada en la superstición. En estos escenarios asistimos a la eterna lucha del Bien contra el Mal, y sobre todo, a lo que viene a ser el conflicto del progreso científico y racional, presentado aquí como el hombre, contra la retrógrada superstición sobrenatural que es ese terror antiguo desterrado en esa región y llamado Drácula.

Ya había leído anteriormente la novela hace bastantes años, y guardaba un grato recuerdo, pero ayer acabé de leerla de nuevo, esta vez en otra edición. Esta cuenta con ese inmejorable prólogo que es El invitado de Drácula, un relato que se supone es un episodio de la novela original retirado de la misma por innecesario. Este relato-episodio narra las andanzas de un inquieto y aventurero Johnatan Harker (del que nunca citan su nombre, por cierto) en las cercanías de la ciudad alemana de Múnich durante la ominosa Noche de Walpurgis: el protagonista se pierde en las inmediaciones de la ciudad, yendo a parar al cementerio de un pueblo abandonado mientras escucha el aullido de los lobos y descubre una inquietante tumba.

Recomiendo la lectura de Drácula: me ha vuelto a parecer una novela increíble que, aunque escrita en 1897, logra conservar frescura e interés, acción, dinamismo y ante todo al conde Drácula de verdad, no a la versión corrupta que el cine nos ha ido ofreciendo desde entonces. Incluso la versión que dirigió Francis Ford Coppola, estrenada en España como “Drácula, de Bram Stoker, y que es una de las adaptaciones más logradas, no es estrictamente fiel a la novela en muchos puntos y sentidos, ya que convierte la trama ¡en una historia de amor entre Mina Harker y el conde! ¿Dónde queda el terrorífico y malvado conde Drácula de la novela?

¿Y vosotros? ¿Ya habéis leído Drácula? ¿Qué os ha parecido?

4 comentarios:

  1. Yo no, pero estoy en búsqueda de lectura siempre. Cuando llega el verano tengo tiempo para leer y me gusta tener tareas pendientes.

    Lo compraré y te diré algo. :)

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  2. A mi el libro me encanta pero, como todos sabemos, el gusto literario es siempre subjetivo.
    ¡Tiempo para leer! Je, yo tengo todos los días bastante: trenes y autobuses me lo dan. A veces, hasta me canso de leer...

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  3. Es una de mis obras literarias favoritas... confieso mi terrible debilidad por aspectos terroríficos y sobrenaturales... pero este libro lo leí en mis 16 años... hoy en día, sigue apareciendo dentro de mi lista de libros que suelo leer una y otra vez y no me aburre... cada vez que lo releo, no puedo evitar dejar de hacerlo. Quincey P. Morris no debería tener ese final... siempre me he pronunciado a esa postura. ¿Te ha gustado ese destino?

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  4. Creo que la muerte de Quincey Morris representa el sacrificio del héroe, igual que la conversión de Lucy representa la corrupción.
    La muerte de Morris puede tener sentido dentro del esquema de valores morales de la época victoriana: quizás no sea un destino muy del gusto de la nuestra, en el que los buenos salen indemnes, pero creo que en su momento pudo encuadrarse perfectamente dentro de lo encomiable.

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